Cómo funcionan las redes móviles
El teléfono móvil se ha convertido en un artilugio tecnológico que acompaña inseparablemente a cada persona. Las antenas de la telefonía móvil pueblan los tejados de las ciudades, pero, ¿sabemos realmente cómo funciona la red que proporciona cobertura de voz y datos a los terminales?
La telefonía móvil funciona a través de ondas de radio. Cada terminal actúa al mismo tiempo como emisor y receptor, que se comunica con la antena de telefonía más próxima, a la que se denomina estación base o, en terminología actual, gNodeB en el caso de redes 5G.
Las antenas se sitúan en sitios altos para alcanzar mayor cobertura y conforman lo que se conoce como celdas, que se agrupan entre sí y dan cobertura a los teléfonos. Cada una de las celdas se comunica en una frecuencia en concreto, para que no haya interferencias con las adyacentes, y enlaza con los terminales de los clientes.
De las estaciones base, la señal se traslada a los concentradores de borde o MEC (siglas en inglés de «computación de borde móvil»), que procesan los datos cerca del usuario para reducir la latencia. Por último, la señal llega a los núcleos de red virtualizados (anteriormente MSC), que se encargan de establecer la comunicación cuando uno de los clientes marca un número, de enviar los mensajes y de gestionar los servicios de datos. Todas estas conexiones se pueden realizar de diversas maneras, no sólo mediante ondas sino también a través de redes fijas, fibra óptica y enlaces satelitales.
Se necesita saber la posición de los móviles
El núcleo de red puede completar esa labor porque sabe cerca de qué celda se encuentran los terminales gracias al identificador único con que se registran en el UDM (siglas en inglés de «gestión de datos unificados»), la evolución del antiguo registro de ubicación.
Se trata de una base de datos que asigna un número de identificación temporal a todos los aparatos que entran en su cobertura. Para que un hipotético rastreo sea más dificultoso, suele ser temporal y lo varían. Esta característica inherente de la telefonía móvil permite además usos comerciales como los sistemas de localización de personas, que compiten con el GPS aunque con mayor precisión gracias a la integración de redes 5G y tecnologías de posicionamiento en interiores.
Cada terminal actúa al mismo tiempo como emisor y receptor, que se comunica con la antena de telefonía más próxima, a la que se denomina estación base.
Esta información se averigua con facilidad gracias a que el terminal busca constantemente antenas (pueden darle cobertura simultáneamente varias) que le proporcionen la señal más fuerte. Con esta información se puede triangular la señal y obtener su situación con gran exactitud, especialmente en entornos urbanos densos.
De esta manera, las operadoras saben de antemano a dónde tienen que encaminar una llamada entrante, una información imprescindible por la movilidad que proporciona esta tecnología, y pueden calcular la potencia de señal necesaria para contactar desde la antena más cercana con el terminal.
Cuando se establece la llamada, los teléfonos de ambas personas comienzan a mandar y recibir audio digitalizado, comprimido y de alta definición (VoLTE, VoNR) a través de las ondas. Si los hablantes se mueven, los teléfonos cambian a la celda que les provea de una señal más potente sin que se corte la comunicación, un proceso que las redes 5G han optimizado para ser prácticamente instantáneo.
Mejoras en la tecnología de la telefonía móvil
GSM (siglas en inglés de Sistema Global de Comunicaciones Móviles) fue el protocolo más extendido de la telefonía móvil en el mundo, pero en la actualidad está en fase de apagado definitivo en la mayoría de los países, incluido España, donde las operadoras han redirigido sus recursos hacia redes más eficientes.
Las frecuencias clave en 2026 son la banda de 700 megahercios (liberada tras el apagón de la TDT y fundamental para la cobertura 5G de largo alcance), la de 3,5 gigahercios (la columna vertebral de la capacidad 5G) y la nueva banda de 26 gigahercios para despliegues de alta velocidad en entornos congestionados, como estadios o centros urbanos.
Los cuatro grandes operadores (Movistar, Vodafone, Orange y MásMóvil, cuyo grupo resultante de la fusión es ahora líder en clientes) poseen licencias para desplegar estas frecuencias, mientras que los operadores virtuales (OMV) como Digi, O2 o Pepephone ofrecen servicios utilizando estas infraestructuras.
La tecnología de la telefonía móvil ha evolucionado radicalmente en los últimos años, pasando de estar centrada en la voz a ser el pilar de la conectividad generalizada.
Así, tecnologías como el GSM, GPRS o EDGE son ya historia. El UMTS o 3G, que en su día supuso el gran salto hacia los datos móviles (384 kbps), ha sido completamente descontinuado en Europa desde 2025, liberando espectro para el 5G.
El LTE (4G) se ha consolidado como la red base universal, ofreciendo velocidades de hasta 1 Gbps en sus versiones avanzadas (LTE Advanced Pro) y proporcionando cobertura en el 99% de la población. El VoLTE (Voz sobre LTE) es ahora el estándar para las llamadas de voz, que se transmiten como datos dentro de esta red.
5G y 6G, el presente y el futuro de la conectividad
El gran salto tecnológico lo ha producido la irrupción del 5G (quinta generación), que no solo mejora la velocidad, sino que ha rediseñado por completo la arquitectura de red. Existen dos modalidades principales:
- 5G NSA (Non-Standalone): Utiliza la infraestructura 4G como base para ofrecer velocidades mejoradas.
- 5G SA (Standalone): Es el 5G puro, con núcleo de red independiente, que permite latencias inferiores a 10 milisegundos, segmentación de red (network slicing) para servicios críticos y una eficiencia energética superior.
Las velocidades máximas teóricas del 5G alcanzan los 10 Gbps en descarga en condiciones óptimas con ondas milimétricas (mmWave), aunque en la práctica, con las bandas medias (3.5 GHz), los usuarios experimentan velocidades entre 300 Mbps y 1 Gbps de forma habitual.
La latencia se ha reducido drásticamente, pasando de los 30-50 ms del 4G a menos de 5 ms en redes 5G SA, lo que ha permitido la expansión de casos de uso críticos como la conducción autónoma, la cirugía telerrobótica y el mantenimiento industrial remoto.
Mirando hacia el futuro inmediato, la industria se prepara para el despliegue inicial del 6G, cuya estandarización comenzará formalmente a finales de esta década (hacia 2028-2030), pero que ya se está definiendo en foros internacionales.
Se espera que el 6G lleve la conectividad más allá de los teléfonos, integrando comunicaciones inalámbricas con sensores, inteligencia artificial distribuida y capacidades de detección (como el radar) directamente en la red, con velocidades objetivo de hasta 1 Terabit por segundo y latencias de 0.1 milisegundos, fusionando definitivamente el mundo físico con el digital.
